miércoles, 3 de octubre de 2012
Rescate
Pero, siendo eso gravísimo, hay algo que es verdaderamente demencial y que, llevado al extremo absoluto, es imposible de arreglar. Se trata del absoluto desprecio a las formas escritas y a las normas tácitas de la convivencia en libertad, del secuestro del espíritu de la propia democracia que a mi juicio es igualmente imputable a esos salvapatrias; los mismos que amagan con restringir los derechos fundamentales y que disfrutan a medida que parecen aumentar las condiciones para el surgimiento de tendencias y ademanes ya conocidos cuando los valores democráticos son situados en la picota.
Esta tarde he leído la prueba evidente de que hemos rebasado definitivamente todos los límites de la indecencia en el ejercicio de gestión pública y en la representatividad institucional. Insisto que, para mí, este y no otro es el verdadero mal que nos acucia, porque es el único que no se arregla con dinero. La gota que ha colmado el vaso ha venido de la mano del robo de 300 kilos de cocaína de un depósito oficial bajo custodia policial en la ciudad de Cádiz. ¡¡¡300 kilos de cocaína de un depósito oficial bajo custodia policial!!! En cualquier lugar del mundo civilizado, supongo que el inicio de la investigación para encontrar a los responsables del delito sería simultánea al cese inmediato de los responsables político-institucionales de ese servicio o departamento, cuando no fuera acompañada de la dimisión incondicional.
Puedo suponer que haya otras culturas y otros países de una menor tradición democrática en los que el presunto jerifalte no llegue a conjugar el verbo dimitir pero al menos no ose levantar la voz ni hacerse notar. De esta manera, movido por la vergüenza al ridículo o a la reprobación social, al menos se encerraría en su casa por una temporada, rehuyendo incluso el contacto con su entorno más inmediato tras un episodio en el que, siquiera por omisión, queda mal parado.
Sin embargo, España es diferente; y no digo ya Cádiz. Aquí, el subdelegado del Gobierno de la Nación en la provincia (es decir, un representante institucional, y no cualquiera sino el máximo responsable de la seguridad ciudadana), ha convocado a los medios para decir, tan ancho, dos cosas.
La primera, que el robo ha sido cometido por gente muy cercana al Parque Móvil y a la Policía. Teniendo en cuenta que el garaje del Parque Móvil era el lugar en el que estaba situado el depósito en el que los agentes guardaban la droga aprehendida, se podría parafrasear al subdelegado repitiendo aquella frase de "la Policía no es tonta; hay colillas, aquí han fumado".
Y la segunda, que es incluso mejor y que supongo es una solicitud de cese inmediato, con premeditación y publicidad, pero en clave, para que solo le entiendan sus superiores. Porque ha señalado que la situación de deficiencias de seguridad en esas instalaciones denunciada por sindicatos policiales "se arrastra desde hace tiempo"; y se ha descolgado poco menos que responsabilizando de lo que ahora (septiembre de 2012) ha pasado en Cádiz al anterior Gobierno del PSOE porque "en ocho años no ha hecho nada para solventar los problemas". La parte más en clave de la solicitud de cese del subdelegado, sin embargo, ha sido la que recomendaba pedir "explicaciones" de lo sucedido (consiguientemente, del robo de 300 kilos de cocaína de un depósito oficial bajo custodia policial) tanto al ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como al ex ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, "porque no se corrigieron entonces las deficiencias detectadas".
Hoy, alguien se ha encontrado con una ocasión de oro para corregir las "deficiencias detectadas" en las palabras del subdelegado del Gobierno (de un Gobierno que tomó posesión a finales de diciembre de 2011, hace casi diez meses). Porque alguien debería hacerlo, de manera fulminante. Aunque también podrá darle amparo, como a la diputada que gritó a los parados "que se jodan"; o reírle las gracias, como cuando alguien dijo que los niños andaluces estaban en clase tirados en el suelo porque no tenían sillas ni mesas; o hacer piña con él, de la misma manera que se ha hecho en los casos en los que los Presupuestos Generales del Estado han incumplido de manera flagrante la Norma Fundamental de la Comunidad Autónoma... También podrán hacer todas estas cosas, para ninguna de las cuales existe rescate que valga.
martes, 25 de septiembre de 2012
Septiembre
martes, 18 de septiembre de 2012
De blogs y de webs
martes, 24 de enero de 2012
Culos
lunes, 2 de enero de 2012
Indigente
viernes, 30 de diciembre de 2011
2012

Apenas unas horas quedan para que 2011 se deslice entre los dedos del tiempo. Justo a su ocaso amanecerá 2012, otro año nuevo, una promesa de futuro, una vida aún no hollada.
Siempre me ha sorprendido la subjetividad con la que se percibe el paso del tiempo: cómo un mes de disfrute se pasa en apenas un minuto; y cómo segundos de angustia se prolongan como si fueran años…
En términos generales, creo que 2011 era un año caducado antes siquiera de alcanzar su fecha de consumo preferente: incluso quienes han vivido un ejercicio favorable en lo particular no podrán negar que el balance general, como colectividad, se aleja mucho de lo óptimo. Aunque, como siempre, haya habido pescadores capaces de obtener su ganancia aun a fuerza de ser ellos mismos quienes revolvían el río...
El futuro me preocupa enormemente; me temo que el tiempo de los entusiasmos se ha quedado atrás. Caminamos hacia una sociedad menos libre, más insolidaria y, en definitiva, más pobre. ¿La razón? Hemos consentido que se pervierta el significado y la esencia de las palabras: de las auténticas palabras, las que hicieron las grandes revoluciones y las que daban sentido a la apasionante aventura de construir día a día este mundo…
Los grandes conceptos no se hicieron para los hombres pequeños. Y, por obra o por omisión, hemos dejado el mundo en manos de personajes de una talla más que dudosa.
lunes, 25 de julio de 2011
Julio
Medio país de vacaciones. Un cuarto, afanándose en disponer los cubiertos, los manteles y las jarras de sangría, a la espera de que los clientes lleguen al chiringuito. Otro tanto, haciendo cola mientras le preparan la mesa a pie de playa para dar cuenta de la paella o el espeto de sardinas. Y algunos, como yo; dotando al currículum de tal calidad literaria que es una lástima remitirlo a una ETT en lugar de hacerlo al jurado del Planeta.
Julio es un mes extraño. Sí pero no, descanso a medias, mucho calor y pocas ganas; sanfermines, Tour, terrazas y verbenas de pueblo. Casi todo viene trufado por la crisis: de la economía, de la política y, me temo, de la vergüenza.
Este julio he leído noticias que me sobrecogen, más allá de los asesinatos de Noruega: creo que no es lo mismo un atontado que un atentado, y espero que el episodio de Oslo se quede finalmente en la acción de uno o unos descerebrados; sin más repercusión que una tragedia ya de por sí de exageradas proporciones. Tampoco temo a la crisis financiera y las tensiones de quienes quieren pescar en río revuelto. Peces chicos y peces gordos se comerán entre ellos. ¿Y nosotros? Independientemente del color del gato que nos espere al otro lado de la ratonera, seremos los roedores del proverbio hecho célebre por Felipe González tras las enseñanzas de Deng Xiaoping. En eso, como en la isla noruega, tampoco parece que haya escapatoria.
Lo que de verdad me preocupa son las noticias que tienen que ver con la cotidianidad: responsables de instituciones que anuncian graciosamente auditorías privadas en corporaciones públicas; gestores políticos que censuran que un ayuntamiento no haya seguido “criterios empresariales” a la hora de desarrollar sus políticas y ajustar sus cuentas; un jefe de la oposición que se define como ‘campeón’ de la austeridad y oculta sus más que magros ingresos; un dirigente de una comunidad autónoma que trata de ocultar su vergonzante dimisión tras un velo de dignidad cuando pudo haberse revestido de esa virtud en forma de cortinilla de probador... Una lluvia fina mucho más peligrosa que la de Fukushima. La misma lluvia tóxica con la que algunos quieren embarrar el camino hacia el Palacio de La Moncloa.
Es julio. Hace calor. Medio país está de vacaciones. A fuerza de releerlo, hasta me está gustando mi currículum.
